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En este 2010, el PAS consistió principalmente en el pedido de donaciones a padres y donantes externos que fuimos recolectando, ordenando y clasificando en un depósito que tiene el colegio.

¿Qué hice yo? En principio a los que hacemos el Programa del Diploma, se nos asigna tradicionalmente, junto a otros compañeros, la tarea de ordenar y clasificar todas las donaciones que se van juntan en el depósito. Se nos asigna esta tarea, porque es la más fija y estable. Elegís un día a la semana y ese día a la tarde te quedas unas dos horas haciendo orden ahí abajo. Los que tienen que pedir donaciones a miembros del colegio o a empresas y donantes externos tienen que ausentarse de vez en cuando de clases y en los recreos se tienen que ocupar de llevar las donaciones que los padres y chicos del colegio van trayendo al depósito.

Nuestro trabajo es sencillo desde todo punto de vista, pero se vuelve cada vez más complejo, a medida que pasa el tiempo y las donaciones van llenando todo el espacio del depósito. Como todas esas cosas van a ser llevadas al final del segundo año a una escuela rural (en nuestro caso, van a ser dos), hay que colocarlas sí o sí en cajas y bolsas con etiquetas que den cuenta del contenido sin necesidad de romper la caja o la bolsa para identificarlo. Es un trabajo que se puede volver complejo, pero que no te consume mucho tiempo ni representa gran sacrificio.

De todas formas, y extralimitándome en mis funciones, decidí cooperar con el tema de las donaciones externas (no otorgadas por miembros de la comunidad escolar) desde que escuché que una de las escuelas rurales que vamos a visitar entre el 16 y el 23 de noviembre no tiene ni un aparato de televisión ni el servicio necesario para ver canales de aire o de cable ni un reproductor de DVD. Mi papá trabaja en el canal oficial del Estado argentino (TV pública) y está impulsando desde ahí la expansión de la televisión digital, libre y gratuita. Esto significa que para acceder a los canales digitales no se necesitan más cosas que una antena parabólica (chica) y un decodificador. Como nosotros estamos tratando de ayudar a una escuela pública, creemos posible que el canal del Estado nos done un equipo completo para poder proveer de televisión a la escuela. Lo que nos falta es el aparato de televisión y el reproductor de DVD que nos pidieron especialmente. Estamos pensando en acudir a dos de las grandes casas de comercialización de electrodomésticos del país, Garbarino y Frávega, o a un fabricante de televisores que opera en el país (BGH). Está claro que tenemos que decidirnos con celeridad porque el viaje se acerca y estas son cosas que no se resuelven con rapidez, pero creo que podemos lograr el objetivo.

Además de todo esto, este año hicimos dos talleres de una clase. El primero era de pintura, donde la gente de mantenimiento del colegio nos enseñó a pintar una habitación, que es probablemente una de las cosas que hagamos en las escuelas rurales. El otro taller era de herramientas. En él, aprendimos a preparar una mezcla para levantar una pared y a utilizar algunas herramientas. No creo que hagamos tales cosas en nuestro viaje, pero, de todas formas, siempre es útil saber por lo menos lo básico para aplicarlo en tu casa.

 

Me gustaría aprovechar este espacio para dejar plasmadas algunas conclusiones a las que llegué después de las visitas al CESAC.

En general, creo que la realidad con la que me encontré en la institución es diferente a lo que yo había imaginado cuando nos presentaron el Programa de Acciones Solidarias del colegio. Mis ideas previas eran sin dudas meros prejuicios, que se acercaban quizás en un aspecto a la realidad encontrada y se alejaban o no habían tenido en cuenta varios otros. A primera vista, sentí que no había tantas diferencias entre los chicos a los que daba clases y yo. Muchos eran alegres, venían con guardapolvo, hacían ruido, tenían sus cartucheras con muchas cosas, etc. Las diferencias las podías notar cuando empezabas a explicarles los temas de los que tenían dudas. En muchos casos, uno sentía que estaba hablando otro idioma. No descarto que esto pueda tener que ver con el simple hecho de que yo ya estaba en el anteúltimo año de secundaria y ellos, todavía en la primaria, pero al final concluí que no era esa la única razón. De alguna forma, parecían más tontos que nosotros a su edad. Parecía, como se dice acá en Argentina, que no les davala cabeza para hacer lo que la maestra les pedía. Les faltaban conceptos más básicos que los que necesitaban aprender. Recién después, en 2010, y con ayuda del profesor de sociología del colegio, logré atar varios cabos sueltos y entender que lo que les faltaba no era inteligencia, como te quieren hacer creer los que atacan la igualdad de oportunidades, sino que carecían y habían carecido de más chicos de una educación eficiente y de calidad y que la vidas que les tocaban vivir no los ayudaban. Una enorme cantidad de factores, que iban desde la educación de los padres hasta el hecho de que por ahí comían solo una vez al día, habían creado a esos chicos.

¿Qué hice yo? Bueno, todo lo que estaba a mi alcance. Me armé de paciencia y los traté siempre con mucho cariño, me aprendí sus nombres, conocí un poco a los padres, me encargué de que siempre vinieran y se fueran con ellos y, por sobre todo, traté de ensañarles de la mejor forma posible para mí lo que necesitaban para entender los temas.

Los resultados fueron variados. En algunos casos, me logré dar cuenta que los chicos al final de las reuniones habían entendido lo que les había explicado, mientras que, en otras ocasiones, me fui de la institución seguro de que no había logrado hacerles entender los temas. Lo que no pude hacer por la falta de constancia de los chicos y por las interrupciones por feriados es trabajar con uno o dos chicos por un tiempo más prolongado. Con esto quiero decir que mis conclusiones sobre los resultados fueron siempre tema por tema y día por día. No pude saber nunca si un chico había logrado mejorar sus capacidades de comprensión y deducción a lo largo de la experiencia.

Mis sentimientos a lo largo del módulo fueron cambiantes. Normalmente venía con ganas, animado, aunque algo cansado porque siempre era a la tarde después de deporte, pero me solía ir con cierta frustración general por el nivel de los chicos y por lo que les costaba a veces entenderme y también con decepción con respecto a mí mismo porque no lograba que aprendieran bien. Creo, sin embargo, que a medida que pasó el tiempo, me empezó a costar menos todo el tema de organizarme mentalmente para explicarle a alguien una cuestión. Comenzaba de alguna manera a entrelazar las dudas puntuales con o conocimientos básicos que se necesitaban para entenderlas y así lograba realizar una explicación más completa del tema. Los resultados fueron de todas formas bastante desilusionantes, pero yo siento que ese fue un aprendizaje interesante que luego utilicé para explicarles un tema a mis propios compañeros de clase.

No sé si mi “paso” por la institución habrá dejado alguna marca duradera en los chicos. No lo creo, porque eran muy pocos los que alcanzaron cierta regularidad y tampoco es que el módulo fuera muy largo. Lo único que recuerdo que me regocijaba era el cariño que recibía de dos hermanas, una de cuarto y otra de quinto grado, que se sabían mi nombre y me saludaban contentas cuando llegaban. Creo que quizás a ellas las logré ayudar un poco, pero el consuelo no es reconfortante.

Si alguien tuviera que ir hoy al CESAC a ayudar a estos chicos, le diría que hiciera algunas de las siguientes cosas, que se me ocurrieron tiempo después:

  • que les lleven algún incentivo para estudiar, como unos caramelos o chupetines, porque nosotros notábamos que venían con hambre y cansados después del doble turno de primaria y no tenían ganas de seguir estudiando.
  • que se comuniquen con sus maestras de la primaria a través del cuaderno de comunicados para saber cuáles son los temas que le cuestan a cada uno y pedirle recomendaciones para poder ayudarlos mejor.
  • que traten quizás de llevar de vez en cuando algunos juegos para que una vez por mes, en lugar de estudio haya juegos.

Disfrazados antes de que empezara la fiesta.Toda la pandilla de "alemanes" preparando sándwiches y sirviendo gaseosas.Como parte del Proyecto de Acciones Solidarias del colegio, durante todo el 2009 tuvimos que realizar junto a todos nuestros compañeros de año una serie de eventos tradicionales del colegio para recaudar dinero para el viaje a las escuelas rurales.

Los eventos más importantes que llevamos a cab

 

  • de este deporte que se hacían en el colegio. Nos pareció que un sábado de juegos en el campo de deportes para chicos de primaria iba a recibir una acogida semejante, así que con el apoyo del colegio tomamos la iniciativa y organizamos una actividad completamente nueva y original. La verdad es que, por suerte, salió mejor de los que cada uno de nosotros esperaba y la recaudación fue muy buena. Yo participé en los juegos para chicos (muchos varones, pero también algunas mujeres) de seis y siete años. Eran, en su mayoría, juegos sencillos como la “Mancha” o el “Quemado”, pero justamente porque los chicos los conocían y les gustaban el resultado fue bueno.

     

  • La Fiesta Loca representa la fiesta más popular del colegio, aunque solo puedan ir chicos de cuarto grado de la primaria a segundo año de la secundaria. Se realiza todos los años por lo menos una vez y siempre se hace con un motivo diferente. De todas las que fui como alumno, la que más me gustó fue la primera, en la que el motivo era una película que recién se estrenaba: Matrix. Como este año nos tocaba organizarla a nosotros, tuvimos que votar el motivo y la mayoría eligió el tema de películas. Entonces cada uno se tenía que disfrazar de un personaje de película y al gimnasio del colegio (donde se organiza normalmente la fiesta) se lo decoró de una forma acorde con pósters y dibujos. Yo me disfracé de Star Wars y me puse a vender rifas y entradas. Otros compañeros se ocuparon del buffet de la fiesta y de los entretenimientos. En general, el resultado pareció bueno. Los chicos estaban contentos y se había recaudado más dinero que el año anterior.

     

  • La Noche de Ingenio o Noche para padres también es una de las actividades que se llevan a cabo puntualmente todos los años, pero por desgracia no goza de la misma popularidad que la Fiesta Loca. Esto se debe principalmente a que está especialmente pensada para padres y la convocatoria no es masiva, por decirlo de alguna forma. También es cierto que en los últimos años no había sido muy bien organizada y eso lleva a una falta de confianza generalizada por parte de los padres. No voy a decir que la fiesta que organizamos haya sido la mejor ni mucho menos, pero lo cierto es que a la convocatoria vinieron solo nuestros padres y algunos de chicos de primer grado que no debían conocer la mala fama de la fiesta. Por esta razón, no se puede decir si la fiesta fue buena o mala, porque la gente que estuvo se divirtió, pero buena parte se conocía desde antes. Por mi lado, en esta fiesta, me tocó servir las mesas, es decir, llevar las porciones de pizza que habíamos encargado al padre de un amigo que tiene un restaurant hasta las mesas de los padres. También tenía que ocuparme de que hubiera bebida en las mesas. Nuevamente la recaudación fue mejor de lo que esperábamos, pero también es cierto que no esperábamos ganar mucho dinero con esta fiesta. La idea, en general, era mantener la tradición escolar, organizar un evento, lo cual es entretenido, y tratar de que esté bueno así de a poco se recupera la fiesta y dentro de unos años los chico que la vuelvan a hacer puedan hacer una recaudación verdaderamente buena.

 

  • El Deutschlandtag también pertenece a la tradición del colegio, pero no es algo que organicen los estudiantes, sino toda la primaria. Se trata de una jornada en la que el colegio muestra su origen alemán y su cercanía con el país anglosajón. El hecho de no tener que organizar nada más que el buffet suponía para nosotros un alivio y de que la cantidad de gente que iba a asistir fuera fija significaba para nosotros una recaudación segura. Sin embargo, no era todo tan sencillo, ni tan barato. La comida que se iba a ofrecer tenía que ser acorde a la ocasión, es decir, con un aire alemán, pero a su vez tenía que haber una buena cantidad. Este fue de todos el evento en el que más participación tuve, porque no solo hice sándwiches y preparé vasos con gaseosas durante la jornada, sino que también me hice cargo de comprar las cosas necesarias para el buffet en un supermercado mayorista de la provincia de Buenos Aires. Esa vez nos vestimos también con los colores de la bandera de Alemania. Los alumnos y padres que nos compraron quedaron muy conformes según lo que nos hicieron saber las autoridades de primaria. Algo muy importante que nos había dicho nuestro coordinador del PAS para ese evento era que teníamos que trabajar con muchísima higiene, más incluso que para las otras fiestas. Recuerden ustedes que para ese momento en Argentina recién había pasado la crisis de la gripe A y había mucha preocupación por el tema de la higiene.

     

  • El último evento de 2009 fue en la fiesta de egresados de los chicos de sexto grado de la primaria. Los padres de los chicos nos propusieron que nos hiciéramos cargo del buffet de la fiesta, como habíamos hecho en el Deutschlandtag. No obstante, en esta ocasión, ellos mismos eligieron la comida que iba a haber y nos entregaron una suma de dinero que, por un lado, no permitiera comprar la comida y, por el otro, nos dejará un buen margen de recaudación. Como era una noche calurosa de diciembre, instalamos dos mesas en el patio y nos pusimos a servir ahí las gaseosas, mientras otros de nosotros iban de la cocina al patio trayendo en bandejas la comida. Salió todo muy bien, por suerte, aunque la verdad es que en este caso no había tanto trabajo como las últimas veces.

 


Hoy (lunes 29 de junio) fui de nuevo al CESAC con la intención de seguir ayudando a los chicos que fueran. El lunes 8 de junio tuve anginas y, por eso, no fui ni al colegio ni al CESAC. El lunes 15 fue feriado gracias a esa manía del gobierno de turno de correr todos los feriados que no caigan en lunes o en viernes a los viernes o los lunes previos o posteriores para fomentar el turismo en el país. Finalmente el lunes 22 sí visité nuevamente el CESAC y me ocurrió lo mismo que hoy: no fue ninguno de los chicos que veníamos ayudando.

De todas formas, la primera vez (el 22/6) nos sorprendió más que la segunda. Una mujer, que trabaja en el CESAC como secretaria, nos aclaró nuestras dudas cuando ya nos íbamos a las seis menos cuarto. Nos dijo que habían cerrado la escuela municipal, de la que vienen casi todos nuestros ayudados, hacía ya una semana por un caso de gripe A. Se suponía, por lo tanto, que el lunes siguiente volvería a abrir.

Para nuestro desconcierto, el lunes siguiente, es decir hoy, tampoco vino ningún chico, porque la escuela no abrió, al igual que la vez pasada. La secretaria del CESAC nos despejó de nuevo los temores, cuando nos aclaró que la escuela municipal en cuestión había funcionado como sede de votación el día de ayer (domingo 28 de junio) y que, por lo tanto, no había abierto por limpieza.

Esperemos que el lunes siguiente no suceda nada raro y que tengamos una última reunión antes de hacer el cambio a “Eventos”. Dentro de dos semanas, vamos a pasar a ocuparnos (todos los que hasta ahora estábamos ayudando en alguna institución) de los eventos para recaudar fondos para el viaje a la escuela rural de diciembre del año que viene.

A mí me gustaría seguir yendo a ayudar en el CESAC los lunes, aunque sólo sea ocasionalmente. El lunes próximo, además, me gustaría llevar una cámara de fotos, así nos sacamos algunas y las puedo guardar y colgar en este blog.

Será entonces hasta el lunes que viene.

Escrito el 29 de junio de 2009.

    Hoy volvimos a asistir a la sede del CESAC de Olazábal al 3960 para ayudar con el estudio a chicos de primaria después de dos semanas (el 25 de mayo es feriado en la República Argentina). No pudieron venir dos compañeros (de los cinco que somos). Esto se conjugó, casualmente, con una mayor asistencia de chicos a la habitual los lunes (eran 9).

    Un compañero se puso a trabajar con cuatro (una de tercero, dos de cuarto y una de quinto), el otro con dos (de los primeros grados) y yo con otros dos de séptimo.

    Por un lado, ayudé a Jazmín, una chica charlatana que tiene dificultades con Matemática y con Ciencias Naturales. Trabaja bien y no parece que le cueste mucho. Le enseñé las propiedades de los números naturales y ella las logró aplicar de inmediato en la tarea que le había dado su maestra. Lo mismo sucedió un rato después con Ciencias Naturales y Lengua (Tema: seres vivos).

    Por el otro lado, se encontraba un viejo conocido, Gastón, que venía con sus eternas dificultades con Matemática. Acá sí detecté errores de concepto y lo traté de ayudar. Al final, logramos sacar el único ejercicio que le faltaba (uno demasiado difícil para un alumno de séptimo grado).

    De esta nueva visita, me parece que hay varias cosas que valen la pena rescatar.

    En primer lugar, siento necesario repetir que los chicos se comportaron nuevamente de manera formidable, trabajaron mucho y siempre fueron humildes y respetuosos para con nosotros.

    En segundo lugar, esta visita me ayudó a reforzar mis dos teorías con respecto a la enseñanza pública que reciben estos chicos. Estas eran: uno, que no les enseñan a pensar, a razonar lógicamente, sino que los anclan a métodos memorizados y doctrinarios, y dos, que todos los chicos a los que ayudamos no necesitarían ir a un curso de apoyo escolar, si los maestros se ocuparan más de su educación y los obligaran a concentrarse y a prestar atención. Posiblemente, lo último no sea culpa absoluta del maestro; por eso, resaltó que estas dos teorías refieren a la educación pública general.

    En tercer lugar, quisiera dejar plasmadas dos cosas que me dijeron los dos.

    Jazmín me contó, en su primera visita (hoy) sin remordimientos, ni vergüenza, ni timidez que la hermana las amigas de esta le quitaban sus cosas y le pegaban dura- y peligrosamente cuando ella estaba en su casa que sus padres no se enteraban, porque estaban trabajando. No estoy seguro de que sea verdad, ya que ella es bastante charlatana y el papá me trató muy bien antes de irse.

    Gastón, por su parte, me dijo algo que me dio una ternura y una pena por él indescriptibles: “Mis amigos son todos unos bochos; no hacen ninguna tarea y después aprueban igual.” Con esta frase, hay cosas para analizar seriamente, a pesar de la sonrisa con que la acompañó: en primer término, se aprecia claramente el sueño o la aspiración, por parte de Gastón, de no tener que hacer nada para aprobar, pero, en segundo término, se lee claramente su deseo e intención de aprobar que le sirve como motor.

    Bueno, creo que hoy fue una interesante visita al CESAC.

Escrito el primero de junio de 2009 a las 18:56.

El lunes 18 de mayo ha coincidido nuevamente con la visita de cada semana al CESAC de la avenida Olazábal. Hoy fuimos cuatro (ayudantes, faltó Eva) y cuatro (ayudados), aunque las dos únicas chicas del “staff semi–permanente” de ayudados que vinieron fueron las hermanas Agustina y Milagros.

    Una vez más hubo, por lo tanto, reuniones particulares: Pedro Augusto y yo nos sentamos con las “titulares” (las dos hermanas) y, como estaban viendo temas parecidos, hicimos una gran cooperativa.

    La reunión de hoy se centró en Matemática y, sorprendentemente, Astronomía. Con respecto a la primera, las dos nos expresaron sus problemas a la hora de resolver sumas, restas y problemas con ambas. Se encuentran en tercer y cuarto grado, así que no son las sumas y restas más simples que puede haber, pero siguen sin ser difíciles.

    Las chicas mostraron, por un lado, dudas y problemas al resolver tanto cuentas como problemas, apelando a los dedos para hacerlas. Sin embargo, nos dimos cuenta muy pronto que sabían la teoría y que, a pesar de que se equivocaran cada tanto, al tema lo entendían bien.

    Por otro lado, evidenciaron otro tipo de “problema” con el que nosotros chocamos en repetidas ocasiones: el sistematismo y la falta de razonamiento propio. El sistematismo lo encarnó Milagros, la más grande, cuando yo le dije que hiciera entonces 37 + 19 y ella me corrigió, diciéndome 19 + 37. Yo le contesté que era lo mismo, en realidad, pero ella sostenía que no. Finalmente, le pedí que hiciera las dos cuentas (37 + 19 y 19 + 37) y, sólo así, me dio la razón. La falta de razonamiento propio también queda evidenciada en este ejemplo y en la mayoría de los problemas dados.

    Con esto, no quiero decir que ninguna de las dos supiera razonar y fuera completamente sistemática, sino que son dos puntos en los que se deberían trabajar un poquito más, en vez de seguir viendo tantos temas nuevos, pues se trata, al fin y al cabo, de bases para la elaboración de cualquier pensamiento.

    Después de esto, charlamos con las chicas sobre los planetas y su orden (muy superficialmente). Como nos quedó, un poco más de tiempo nos empezaron a mostrar sus notas y a contar de ellas y de su colegio.

    Al final, se fueron las dos contentas para su casa, tomando una Cindor y comiendo un alfajor.

Escrito el 18 de mayo de 2009.

    Hoy visitamos una vez más el CESAC de la calle Olazábal para proporcionar apoyo escolar a chicos de primaria interesados. Asistieron menos chicos que el lunes pasado (sólo eran cinco) y nosotros también éramos, como siempre, cinco, así que cada uno se puso a trabajar con uno.

    A mí me tocó Gastón, un chico alto de séptimo grado que, según me contó, tendría que estar en primer año de la secundaria, pero no pudo pasar, porque le quedó matemática pendiente. De todas formas, me dijo con una sonrisa que no estaba apurado por empezar la secundaria.

    Ninguno de mis “ayudados” usuales (las dos hermanas, Milagros y Agustina, ni Kevin, el gurí de primer grado) pudo venir, aunque las hermanas ya nos habían avisado.

    Gastón me pidió, entonces, que repasáramos algunos temas de Ciencias Naturales como materia y sus propiedades, sistemas homogéneos y heterogéneos, mezclas y el modo de separarlas, que él no tenía del todo claros. Para esto, combinamos la información del libro con lo que él había apuntado en su cuaderno.

    Comprobé con tristeza y sorpresa que su ortografía y caligrafía (ni él la lograba leer) en clase eran bastante malas y que le costaba tomar apuntes, ya que, creo yo, debido a su lentitud al copiar, va pescando palabras sueltas y esas anota de forma desordenada.

    La ortografía me costó muchísimo corregirle, pero no porque no supiera cómo iba escrita tal o cual palabra, sino porque me parecían en muchos casos palabras tan básicas (las que no sabía escribir) que me daba una pena enorme decirle que estaban mal. Además, se trata de un chico muy humilde que debe sentirse avergonzado por cometer esos errores. Por eso, siempre se lo decía desde lejos y mirándolo a él no al cuaderno (con la típica frase: “Acordate que mezcla va con z, ¿eh?), haciéndolo creer que lo estaba previniendo (y no corrigiendo, pues ya había cometido el error) y dándole, de esta forma, la oportunidad de decirme: “Síiiii, ya sé”.

    Por suerte, logramos ver todo el que él me señalo como confuso y le pude dictar de nuevo lo que él había copiado parcialmente en su cuaderno.

    Al final, nos despedimos y yo me fui para mi casa contento por haberlo ayudado y triste por haberle tenido que corregir la ortografía a un chico humilde, bueno y estudioso (o, por lo menos, trabajador) como ese, lo cual indicaba que nadie se había ocupado jamás de ayudarlo como era debido.

Escrito el lunes 11 de mayo de 2009

Hoy visitamos nuevamente el CESAC de la calle Olazábal con otros tres compañeros (faltó uno de los que ya estaba viniendo y se incorporará una compañera para sentar la necesaria presencia femenina por la mayor proporción de chicas de primaria que acuden).

    Los cuatro llegamos a las 16:45 en punto, porque en la última hora del colegio nos demoramos un poco y encontramos a algunos chicos con sus respectivos padres esperándonos.

    Esta vez me dediqué exclusivamente a ayudar al chico de primer grado a sumar (la vez anterior, estaba con el problema de la escritura) y creo que logré (aunque costó) hacerle entender, por lo menos, lo que la tarea le pedía, ya que luego pudo hacerla.

    Como reflexiones, tengo las siguientes:

  1. en primer lugar, sentí hoy que los chicos estaban cansados (más cansados que la vez anterior),
  2. en segundo lugar, creo que a mi ayudado le están enseñando de una forma deficiente a escribir y a sumar (esto puede no ser extensivo a los demás chicos), porque durante la primera reunión, me di cuenta que no identificaba a las letras por su sonido, sino por su nombre y que eso le traía dificultades con la formación de palabras y su escritura y hoy nuevamente al sumar, noté que no diferenciaba el 1 + 0 = 1 del 1 + 0 = 10 y que la tarea dada no eran más que ecuaciones sencillas, pero inadecuadas (a juzgar por lo que me costó explicársela) para aprender a sumar y
  3. y en último lugar, y esta es una buena noticia, percibí una todavía mejor predisposición que la de la clase pasada basada, seguramente, en la incipiente, pero cordial relación que entablamos con los chicos.

 

Por otro lado, durante la reunión de hoy, se me ocurrieron dos propuestas no muy originales, destinadas a mejorar la calidez del lugar (de por sí, poco iluminado y demasiado “gris”) y a aceitar nuestra relación con los chicos. Estas son: la posibilidad de comprar caramelos para entregar al final de la reunión por el trabajo y la idea de traer cartulinas y, quizás también, pósters para decorar y hacer más amigable el ambiente, lo cual siempre ayuda a aprender (sobre todo en el órgano de las ganas).

Escrito el 4 de mayo de 2009.

 

    


 

Bueno, hoy fue nuestra primera reunión (porque no se trata, en realidad, de una clase -como figura en los papeles-, ya que en una clase hay alguien que enseña y alguien que aprende y en esta reunión las dos partes nos enseñamos mutuamente y aprendemos de la otra) con los chicos de primaria que quisieron asistir al apoyo escolar.    

    Lo cierto es que no fueron muchos chicos: eran sólo cinco, mientras que nosotros, como ya mencioné en otra entrada, cuatro. Uno (el único varón que fue) está en primer grado y después asistieron chicas de tercero, cuarto y quinto (2).

    Con el chico de primero, nos encargamos entre un amigo y yo de ver qué era lo que sabía escribir, porque la mamá nos había dicho que tenía problemas, lógicamente, con ese tema importante; a la de tercero, otro amigo se dedicó a explicarle cómo se acentúan las palabras en castellano; con la de cuarto y una de las de quinto, revisamos los diferentes sistemas de numeración que habían aprendido (el egipcio, el chino y el romano) y, por último, con la otra de quinto, trabajó mi tercer amigo involucrado y también le ayudó con matemática.

    No descubrimos una timidez o reticencia marcada por parte de los chicos, lo cual nos sorprendió, porque nosotros a su edad habríamos reaccionado de esa forma ante chicos más grandes. Sobre todo, las mayores entre las chicas son bastante excéntricas.

    Por otro lado, no encontramos grandes diferencias entre las chicas que provienen de un colegio estatal y las que provienen de uno privado, ni tampoco encontramos cuestiones que les fueran muy difíciles: sólo necesitaban que se las explicaran un poco más personalmente. Con respecto a esto último, no me llegué a dar cuenta cuánto de todo lo que les traté de explicar y enseñar les había quedado, pero eso supongo que es, porque no nos conocíamos. A grandes rasgos me pareció que tienen un mejor nivel de aprendizaje y de enseñanza de lo que yo esperaba. Lo único que sentí, en algún momento, fue que les costaba razonar y calcular algunas cosas que para el tema que estaban viendo y del que habían hecho bastante tarea se presuponían más sencillas de lo que resultó.

    Lo que sí me pareció es que, por lo menos, les gustó nuestra “reunión”. Todos nos dijeron que iban a volver el jueves y lunes siguientes y les insistimos en que difundieran las reuniones entre sus compañeros, así venía más gente.

    Nos faltan todavía algunos detalles organizativos para que todo salga más aceitado. Además falta crear la relación con los chicos y ponernos en la piel de maestros, pero estoy contento con esta primera experiencia.

 

Escrito el 27 de abril de 2009.

    Hoy visitamos por segunda vez el CESAC de Olazábal, pero todavía no empezamos con el apoyo escolar. Lo que hicimos fue dedicarnos a tareas organizativas: confeccionamos las listas de posibles concurrentes (chicos que fueron a este mismo taller el año pasado), llamamos a los números que teníamos de ellos (habían datos desactualizados y, al final, sólo diez familias fueron debidamente avisadas y demostraron interés por el taller) y, por último, unos compañeros lograron arreglar el armario del aula donde vamos a enseñar, así se pueden guardar cosas adentro con mediana seguridad de que las vas a encontrar ahí la vez que viene.

    Por otro lado, estuvimos pensando en posibles propuestas para el lunes siguiente como, por ejemplo, traer cartulinas, folletos y/o posters para decorar un poco el aula, actividades diferentes en los casos de matemática y ciencias naturales y tratar de conocer un poco a los chicos (en ese rol que no es ni el de amigo ni el de maestro).

    En resumen, vamos a tener que empezar a valorar y a recordar todas esas cosas que hacen e hicieron nuestros maestros, a las que jamás prestamos atención y que tantas veces despreciamos y criticamos.

 

Escrito el 20 de abril de 2009.

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