Hoy visitamos una vez más el CESAC de la calle Olazábal para proporcionar apoyo escolar a chicos de primaria interesados. Asistieron menos chicos que el lunes pasado (sólo eran cinco) y nosotros también éramos, como siempre, cinco, así que cada uno se puso a trabajar con uno.
A mí me tocó Gastón, un chico alto de séptimo grado que, según me contó, tendría que estar en primer año de la secundaria, pero no pudo pasar, porque le quedó matemática pendiente. De todas formas, me dijo con una sonrisa que no estaba apurado por empezar la secundaria.
Ninguno de mis “ayudados” usuales (las dos hermanas, Milagros y Agustina, ni Kevin, el gurí de primer grado) pudo venir, aunque las hermanas ya nos habían avisado.
Gastón me pidió, entonces, que repasáramos algunos temas de Ciencias Naturales como materia y sus propiedades, sistemas homogéneos y heterogéneos, mezclas y el modo de separarlas, que él no tenía del todo claros. Para esto, combinamos la información del libro con lo que él había apuntado en su cuaderno.
Comprobé con tristeza y sorpresa que su ortografía y caligrafía (ni él la lograba leer) en clase eran bastante malas y que le costaba tomar apuntes, ya que, creo yo, debido a su lentitud al copiar, va pescando palabras sueltas y esas anota de forma desordenada.
La ortografía me costó muchísimo corregirle, pero no porque no supiera cómo iba escrita tal o cual palabra, sino porque me parecían en muchos casos palabras tan básicas (las que no sabía escribir) que me daba una pena enorme decirle que estaban mal. Además, se trata de un chico muy humilde que debe sentirse avergonzado por cometer esos errores. Por eso, siempre se lo decía desde lejos y mirándolo a él no al cuaderno (con la típica frase: “Acordate que mezcla va con z, ¿eh?), haciéndolo creer que lo estaba previniendo (y no corrigiendo, pues ya había cometido el error) y dándole, de esta forma, la oportunidad de decirme: “Síiiii, ya sé”.
Por suerte, logramos ver todo el que él me señalo como confuso y le pude dictar de nuevo lo que él había copiado parcialmente en su cuaderno.
Al final, nos despedimos y yo me fui para mi casa contento por haberlo ayudado y triste por haberle tenido que corregir la ortografía a un chico humilde, bueno y estudioso (o, por lo menos, trabajador) como ese, lo cual indicaba que nadie se había ocupado jamás de ayudarlo como era debido.
Escrito el lunes 11 de mayo de 2009
